La quietud inundaba el campo que a esas horas recorría Cecilia Álvarez. Como en cada paseo de su niñez, el silencio y las nubes
mecidas por el viento la conducían hacia su lugar favorito. Se sentó bajo un castaño centenario,
que ahora mostraba cicatrices en el tronco y las hojas ligeramente marchitas. Los
nubarrones que oscurecían su mente hicieron que las lágrimas rodaran lentamente
por sus mejillas. Desde allí, la vista de la laguna, enmarcada entre juntos y espadañas, era espectacular... Así comienza CARISSIA. Os pido disculpas por todos los fallos que encontraréis en mi primer proyecto.