domingo, 1 de febrero de 2015

RELATO BREVE - OBRAS EN EL PAZO HEREDADO

Medalla de Oro en Netwriters Tintero - Tema: Obras - 29/01/2015

En plena canícula del mes de julio Ana conducía por tierra lucense deleitándose con el verdor de su paisaje. Al llegar a su destino bajó del coche y solo tuvo que empujar la  cancela para que cediese al instante. Recorrió el camino umbrío que le separaba de la casa y quedó desilusionada al ver las condiciones en las que se encontraba  la fachada del pazo que acababa de heredar.
—¿Por qué nunca me hablaste de la tía Teresa? —había  preguntado Ana a su madre cuando le dio la noticia del legado.
—Se fueron a Brasil y perdimos el contacto. Ni siquiera sabía que habían vuelto a España —contestó ella zanjando la conversación.
La puerta obedeció a la vuelta de llave cuando Ana la giró. Con parsimonia  exploró las amplias habitaciones del edificio principal y de la casa de los guardeses. El polvo que se acumulaba por todos los rincones era más evidente en la capilla que estaba situada en medio de un jardín gallego plagado de hortensias, gardenias y rosales.
Ya había visto lo suficiente para hacerse una idea de la faena que la esperaba. Empezaba a oscurecer y dejando de mala gana el lugar, condujo hasta llegar a una casa del pueblo que alquilaba habitaciones. Eloisa, una mujer de unos sesenta años, la recibió con una cara sonriente que se transformó en una mueca cuando Ana le dijo que era la nueva dueña del pazo.
—Allí trabajé como criada para los anteriores dueños —dijo la mujer y mirando por la ventana susurró—, hubo mucho sufrimiento en aquel lugar.
Ana hizo como que no la había oído. Habría tiempo de sobra para que le contara historias sobre el pazo y su familia.
—Eloisa, ¿conoce usted a alguien que pueda ayudarme a limpiar, por lo menos el edificio principal? Me espera mucho trabajo si pretendo convertirlo en una casa rural y no quiero que me coma el polvo.
La patrona llamó a unas vecinas  y al día siguiente, mientras dos mujeres aireaban y limpiaban la planta primera y la cocina, Ana se dedicó al salón y empezó a dibujar bocetos para las obras de rehabilitación.
Al acabar el día volvió a la pensión satisfecha con los progresos y avisó a Eloisa de que al día siguiente pernoctaría en su nueva casa.
—¿Cómo era mi tía? —preguntó Ana.
—Podría contarle muchas historias. Algún día lo haré.
—¿Por qué no empieza hoy? —insistió la joven.
—Doña Teresa destacaba por su belleza pero también por su carácter  —comenzó Eloisa—. Yo misma sufrí sus ataques de ira con asiduidad, pero tuve que aguantarme por razones económicas.
—¡Cómo lo siento!  Mi madre nunca me habló de su hermana. Por lo visto pensaba que vivía en el extranjero hasta que llegó la llamada de un notario de Lugo.
—Volvieron de Brasil hará cuarenta años y vivieron aquí hasta su muerte. El pazo era de los padres del señor y lo acondicionaron para poder habitarlo. Por cierto, Ana, me ha dicho que quiere poner una casa rural. ¿Sabe la de obras que va a tener que emprender?
—Sí, lo sé, serán muchas. Voy a ver si localizo los planos para facilitárselos al constructor.
—Mire en la biblioteca. Además de para los libros, el señor la utilizaba como despacho. Igual los encuentra allí.
Las conversaciones entre las dos mujeres fueron habituales durante los siguientes meses y entre ambas nació una buena amistad que muchas tardes regaban con un licor de hierbas casero acompañado con tarta de Mondoñedo.
El primer día de octubre, mientras Ana y Eloisa comentaban sobre el color de la pintura, los obreros movieron los muebles del dormitorio principal y descubrieron que detrás del armario había una puerta. Cuando la abrieron hallaron una habitación decorada con motivos infantiles.
—No conocía esto —dijo Eloisa extrañada—. Los señores no tuvieron hijos.
Encima de una mesita encontraron una caja de música. Dentro apareció una carta y Ana reconoció al momento la letra de su madre. Nerviosa, sin saber el porqué, comenzó a leerla en voz alta.

“León, 6 de julio 1984
Querida hermana:
Pido a Dios  que al recibo de la presente estés bien de salud. Nosotros contentos por tener a la niña. Cuando llegó tu marido con ella no nos lo podíamos creer. Me gusta que le hayas puesto el nombre de la abuela, Ana. No sé cómo has logrado que en los papeles aparezca yo como su madre legítima, pero no me importa.
Espero que después de lo que ha pasado tengas cuidado. Ya te avisé que ese hombre no era bueno para ti y mira lo que ha hecho. Guardaremos para siempre el secreto y no diremos a nadie que la niña es  el fruto de los devaneos de tu marido con la criada. Fue buena idea decirle que su bebé nació muerto, nunca podrá buscarla y así no causará problemas.
Me dices en tu carta que volvéis a Brasil y creo que es lo mejor que podéis hacer.
Para terminar te doy las gracias por regalarme lo que la naturaleza no pudo ofrecerme, un ángel a quien querré como si fuera sangre de mi sangre.
Un abrazo  de tu hermana que te quiere“

Ana levantó la vista y miró a Eloisa. Ésta lloraba en silencio.


jueves, 29 de enero de 2015

RELATO BREVE - VUELTA A CASA EN NOCHEBUENA


Juan Miguel se despierta sudando; no se acostumbra a la pesadilla que con tanta frecuencia le acompaña. No puede quitarse de la cabeza la voz de su madre insistiendo en que pase con ellos las fiestas y luego una mancha roja que se va haciendo cada vez más grande. Se levanta y enciende un cigarrillo. Mira el reloj y suspira. Ha sido su última noche en prisión.
Nadie le espera cuando vuelve a pisar las calles. Toma un taxi y se dirige a la estación de autobuses. Durante el trayecto piensa si será una buena idea volver a su pueblo, pero ¿qué puede hacer? No tiene otro sitio a donde ir. Es veinticuatro de diciembre y en el autobús recuerda las fiestas con su familia, un árbol decorado presidiendo el salón, los dulces, los villancicos... 

Abre la puerta y le recibe la oscuridad y el silencio. Percibe un tufo de humedad en lugar del olor al asado que su madre solía preparar para Nochebuena.

En la cocina hay un cesto con leña y un montón de periódicos esperando ser aprovechados para encender la gloria. Hace frío y se dispone a utilizarlos. Coge el primero que está fechado hace muchos años. En primera plana se lee: “Un hecho luctuoso ha conmocionado a la provincia de Burgos. Beatriz Navarro ha sido encontrada muerta en su domicilio. Todos los indicios hacen suponer que su hijo cometió el parricidio asestándole diez puñaladas. Le encontraron encogido en un rincón de la cocina con el arma en la mano. El muchacho estaba siendo tratado de una  enfermedad mental”.

Juan Miguel toma asiento y le vienen a la memoria los últimos momentos pasados en la casa, recuerda como su madre yacía en el frío suelo con la mirada perdida en el techo, como retiró un cuchillo de su pecho para poder abrazarla y suplicarle que volviera a la vida. A partir de entonces su mente está en blanco. Durante los años en prisión ha vuelto a rememorar esos momentos una y otra vez, pero no encuentra una explicación. Ese día él había tomado su medicación, ¿o no?

domingo, 11 de enero de 2015

MICRORRELATO - PÁNICO

Mira sus manos una y otra vez mientras corre hasta el metro.
—Tranquilo, la gente no puede saberlo —murmura.
En el andén oye una voz llamándole.
—Imposible, no puede ser ella. Está muerta —balbucea.
La ve acercándose. Lleva un camisón manchado de sangre y un cuchillo clavado en el pecho. La mujer abre los brazos. Se abalanza sobre él y caen a la vía. El tren está entrando a la estación. Los ojos del hombre se abren aterrados.

—¡Corten! Buena toma. Basta por hoy. Mañana a las ocho os quiero ver en el estudio.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

MICRORRELATO - TELMA Y NOA


Telma y Noa descansan sobre el césped en el parque de  los Jesuitas. Acaban de preparar con Juan y Pedro el circuito de la San Silvestre Salmantina que se celebrará en pocos días y están exhaustas. Los hombres charlan en un banco a poca distancia de ellas.

—Juan está muy bien preparado. Será el ganador —comenta Telma.
—De eso nada, se lo merece Pedro por su constancia. Después del accidente de coche ha tenido que esforzarse más que nadie —contesta Noa.
—Pues no, va a ganar Juan.
—¡Cállate! La culpa del accidente la tuviste tú. Cruzaste la carretera y se chocó contra otro coche por no atropellarte.

La conversación entre ambas va subiendo de tono. Los hombres, dándose cuenta, se levantan del banco y llegan justo a tiempo de separarlas.

—Lo siento, Juan, esta cocker está muy rara últimamente. Me voy para casa con ella. Venga Noa, vamos a casita.

domingo, 16 de noviembre de 2014

"VEINTE RELATOS PARA TRAYECTOS CORTOS"



VEINTE AUTORES,

VEINTE ILUSIONES,


VEINTE FANTASÍAS




La quietud inundaba el campo que a esas horas recorría Cecilia Álvarez. Como en cada paseo de su niñez, el silencio y las nubes mecidas por el viento la conducían hacia su lugar favorito. Se sentó bajo un castaño centenario, que ahora mostraba cicatrices en el tronco y las hojas ligeramente marchitas. Los nubarrones que oscurecían su mente hicieron que las lágrimas rodaran lentamente por sus mejillas. 
Desde allí, la vista de la laguna, enmarcada entre juntos y espadañas, era espectacular...
Así comienza CARISSIA. Os pido disculpas por todos los fallos que encontraréis en mi primer proyecto.