sábado, 17 de octubre de 2015

RELATO BREVE - UNA NOVELA EN 3D


La habitación del hotel de Valencia respondía a todas sus expectativas: exterior, luminosa y con vistas. Con los últimos avances tecnológicos era el lugar indicado para regresaran las musas, que la habían abandonado en los últimos tres meses. 
Ana Prieto había publicado varias obras y todas con gran éxito comercial. Su editor, temiendo el síndrome de la página en blanco, le había reservado un fin de semana en aquel lugar para ver si allí conseguía terminar la novela.

Después de deshacer el equipaje salió a dar un paseo por la playa y, a la vuelta, llamó a su editor.

—David, si querías que descansara, lo vas a conseguir. Es un lugar perfecto.

Él se rió y le prometió que no se aburriría. Ana colgó sin saber a qué se refería, pero no le dio importancia.

Después de que le subieran la cena se sentó ante el ordenador y abrió el fichero de la novela en la que estaba inmersa. Trataba sobre un asesinato. La inspectora que llevaba el caso había descubierto que el homicida había sido el padre de una joven a la que la víctima había violado. El problema vino cuando la policía se enamoró del asesino y le asaltaron las dudas de si debía o no entregarle. Faltaba el desenlace y Ana vacilaba entre si la protagonista debía realizar su trabajo ó eliminar la prueba incriminatoria que tenía en su poder.

Eran las once de la noche cuando unos golpes desviaron la atención de la escritora hacia la puerta. Preguntó antes de franquear la entrada y la voz de una mujer contestó que era el servicio de habitaciones. Abrió y se encontró con una chica llorando. Le imploró que la dejara pasar porque debía darle un mensaje urgente. Una vez dentro, la joven se explicó:

—Mi padre me adora y ha asesinado al hombre que me violó. Ahora es probable que vaya a la cárcel y me siento culpable.

Aún sollozando, la muchacha salió corriendo. Ana se quedó sin palabras y estuvo durante toda la noche dando vueltas a lo ocurrido.

A la mañana siguiente bajó a desayunar a la cafetería y cuando se disponía a irse, un hombre la abordó y le pidió que le escuchara. Ella volvió a la mesa y con un gesto le invitó a sentarse.

—He matado al malnacido que violó a mi hija. Sé que iré a la cárcel y me siento culpable, no por el asesinato, sino porque mi hija se quedará sola.

Dichas estas palabras se levantó y se fue dejándola con la boca abierta. Ana empezaba a pensar que sufría alucinaciones.

A las once llamaron a la puerta. La abrió sin molestarse en preguntar quién era. Encontró a una mujer que se presentó como inspectora de policía. Directamente, Ana se retiró para que pasara. Sin más preámbulos la invitada comenzó:

—Tengo dudas morales. Al fin y al cabo debo hacer cumplir la ley y he encontrado a un asesino, por lo tanto tengo obligación de entregarlo a la justicia.  Sin embargo, me he enamorado de él y comprendo sus motivaciones.

Después de decir esas palabras se marchó. Ana pensó que las visitas que había recibido probablemente eran fruto de su imaginación.

Al día siguiente, en el taxi que la conducía hacia el aeropuerto, el conductor le contó una historia.

—Un amigo mío se enamoró de una joven, pero por un maletín que ella olvidó en su coche, descubrió que pertenecía a un clan dedicado al robo de obras de arte. Por aquel entonces trabajaba como chofer para un magnate de la industria hotelera. Ella le sonsacó información para perpetrar un robo en la mansión de su jefe. Mi amigo le pidió que no lo hicieran y ella, riéndose, le contestó que nadie le creería porque, si se iba de la lengua, le acusaría de haberla violado. Al final, ella le denunció, pero su padre, temiendo que el negocio se le escapara de las manos, le asesinó.

En el aeropuerto, mientras esperaba la salida del vuelo, Ana llamó a su editor para informarle que había encontrado el final perfecto para la novela. David le preguntó si no había sucedido nada sorprendente durante su estancia.

—Los actores geniales y la representación, un éxito —contestó Ana riendo.

RELATO BREVE - LA HABITACIÓN 604



Conchi es enfermera y sabe como taponar la herida producida por un disparo. Su deseo en esos momentos es mirar hacia la calle por la terraza de la habitación 604, en el hotel de Almuñecar donde nunca debían de haber ido, pero sabe que si deja de presionar, el hombre podría desangrarse.

 —Enseguida vendrá una ambulancia, tranquilo, no hables.

No sólo llegarán los médicos, ella sabe que  con ellos también vendrá la policía y le inquieta lo que pueda pasar a partir de ese momento.

Son las tres de la mañana, sólo han pasado diez minutos desde que comenzó todo. Llevaba dos noches con la almohada empapada de sudor porque el aire acondicionado no funcionaba en condiciones y, entre ese detalle y los sofocos por la menopausia, no conseguía conciliar el sueño. Mira que le había rogado a su marido que reservaran un hotel en Galicia, allí tendría el descanso asegurado, pero él se empeñó en que fueran a Granada. Si la hubiera hecho caso…, pero no, siempre tenía que salirse con la suya.

Recuerda que no podía dormir, miró el reloj y cada minuto que pasaba los nervios se apoderaban de ella más y más. Se levantó y se dirigió a la terraza para fumar. Al momento oyó pasos en el pasillo que se detuvieron al llegar a la puerta de la habitación. Notó como se movía el picaporte y se asustó. Salió y se escondió. No entiende  porqué no chilló para que el intruso desistiera, pero no tuvo valor. Quizás debería  haber gritado y el desastre se hubiera evitado.

Vio como un hombre se acercaba hasta la cama. Después pudo observar la silueta que iba hasta la puerta y miraba el número.  Entonces el sujeto retrocedió y encendió la luz. Preguntaba con insistencia dónde estaba Conchi, y ella, reconociéndole por la voz, se encogió aún más en el rincón que creía seguro.

Oyó un disparo y después Luis salió a la terraza y la encontró. Dijo que iba a matarla. El miedo, en vez de paralizarla, hizo que sacara fuerzas aún no sabía de dónde y se enfrentó a él. Después de un forcejeo le empujó y el hombre cayó por la barandilla.

Conchi empieza a temblar cuando la policía y el Samur entran en la habitación. El inspector Fernández se presenta y le dice que salga con él a la terraza. Allí, entre sollozos, le cuenta lo sucedido. Ahora que Carlos está siendo atendido puede dar rienda suelta a los nervios.

—Fue usted muy valiente, señora —asegura el inspector—. El individuo que cayó desde aquí ya no volverá a atacar a nadie, ha muerto. Ya puede usted volver con su marido, y acompañarle al hospital. Espero que se salve. Por cierto ¿el arma es de ustedes o la trajo el ladrón?

—Señor inspector, creo que hay un malentendido. Mi esposo se había ido a Cáceres unos días para cerrar un negocio y no debía volver hasta mañana. El de la habitación es un amigo especial. Mi marido es… —dijo señalando hacia la calle con la cabeza.

MICRORRELATO - POR SIEMPRE JUNTOS


María repara las redes con esmero, como aprendió siendo una niña. Desde su silla, piensa en lo que pudo ser y no fue. Y así, día tras día, dirige la vista hacia los barcos que llegan a puerto cargados de anchoas, chicharros y sardinas; pero su mirada vuela más allá del horizonte, allá donde el sol comienza a esconderse. No le quedan lágrimas que verter, ni esperanzas de reencuentro.

Sigue tejiendo. Un dolor agudo le impide respirar.  La aguja cae al suelo. Oye su voz, percibe su olor de marinero viejo. La emoción la embarga viéndole de pie a su lado. Siente como su mano le acaricia el pelo.

MICRORRELATO - VAMOS A CORRER


María ha estado inmovilizada durante más de un mes por una rotura de pie y ahora protesta por los kilos de más. Ha empezado a comer verde y le ha dicho a una amiga que comenzará a correr. Es bueno que lo haga, lo malo es que querrá que la acompañe y a mí hoy no me apetece; está lloviendo. Me mira.  A ver cómo le digo que no. Se ha ido a la habitación sin decirme nada, creo que por esta vez me he librado.

¡Cielos! Se ha puesto el chándal y las deportivas. Se acerca a mí. Trae en la mano la correa.

MICRORRELATO - UN DESTINO INESPERADO


Tras una penosa enfermedad, por fin, Saturnino se siente bien. Al amanecer sale de casa sin despedirse; su familia está dormida.


En la puerta le espera Nicolás, el ser que le dirigirá en el largo viaje que le espera. Ya en su destino Saturnino mira hacia el fuego, los destellos de las llamas le hipnotizan. El calor es insoportable. Se pregunta qué ha hecho mal para acabar allí. Este no es el futuro que soñaba cuando de niño rezaba a todos los santos.

Mira a su izquierda y nota que su guía le dice algo. El ruido es ensordecedor. Sólo le entiende cuando Nicolás le grita en la oreja.

—¿Estás pasmado? ¡Echa carbón más rápido o la locomotora se parará!