sábado, 17 de octubre de 2015

RELATO BREVE - LA HABITACIÓN 604



Conchi es enfermera y sabe como taponar la herida producida por un disparo. Su deseo en esos momentos es mirar hacia la calle por la terraza de la habitación 604, en el hotel de Almuñecar donde nunca debían de haber ido, pero sabe que si deja de presionar, el hombre podría desangrarse.

 —Enseguida vendrá una ambulancia, tranquilo, no hables.

No sólo llegarán los médicos, ella sabe que  con ellos también vendrá la policía y le inquieta lo que pueda pasar a partir de ese momento.

Son las tres de la mañana, sólo han pasado diez minutos desde que comenzó todo. Llevaba dos noches con la almohada empapada de sudor porque el aire acondicionado no funcionaba en condiciones y, entre ese detalle y los sofocos por la menopausia, no conseguía conciliar el sueño. Mira que le había rogado a su marido que reservaran un hotel en Galicia, allí tendría el descanso asegurado, pero él se empeñó en que fueran a Granada. Si la hubiera hecho caso…, pero no, siempre tenía que salirse con la suya.

Recuerda que no podía dormir, miró el reloj y cada minuto que pasaba los nervios se apoderaban de ella más y más. Se levantó y se dirigió a la terraza para fumar. Al momento oyó pasos en el pasillo que se detuvieron al llegar a la puerta de la habitación. Notó como se movía el picaporte y se asustó. Salió y se escondió. No entiende  porqué no chilló para que el intruso desistiera, pero no tuvo valor. Quizás debería  haber gritado y el desastre se hubiera evitado.

Vio como un hombre se acercaba hasta la cama. Después pudo observar la silueta que iba hasta la puerta y miraba el número.  Entonces el sujeto retrocedió y encendió la luz. Preguntaba con insistencia dónde estaba Conchi, y ella, reconociéndole por la voz, se encogió aún más en el rincón que creía seguro.

Oyó un disparo y después Luis salió a la terraza y la encontró. Dijo que iba a matarla. El miedo, en vez de paralizarla, hizo que sacara fuerzas aún no sabía de dónde y se enfrentó a él. Después de un forcejeo le empujó y el hombre cayó por la barandilla.

Conchi empieza a temblar cuando la policía y el Samur entran en la habitación. El inspector Fernández se presenta y le dice que salga con él a la terraza. Allí, entre sollozos, le cuenta lo sucedido. Ahora que Carlos está siendo atendido puede dar rienda suelta a los nervios.

—Fue usted muy valiente, señora —asegura el inspector—. El individuo que cayó desde aquí ya no volverá a atacar a nadie, ha muerto. Ya puede usted volver con su marido, y acompañarle al hospital. Espero que se salve. Por cierto ¿el arma es de ustedes o la trajo el ladrón?

—Señor inspector, creo que hay un malentendido. Mi esposo se había ido a Cáceres unos días para cerrar un negocio y no debía volver hasta mañana. El de la habitación es un amigo especial. Mi marido es… —dijo señalando hacia la calle con la cabeza.

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