martes, 16 de junio de 2015

RELATO BREVE - MISTERIO EN EL ORIENT EXPRESS

Dolores y Pascual eran un matrimonio con la monotonía y las disputas habituales de toda pareja con una larga convivencia. Su vida cambió cuando durante una Navidad la suerte les acompañó y ganaron el primer premio de la lotería. A partir de entonces y durante algún tiempo, la única discusión que enturbió su relación fue decidir si su primer viaje sería en el misterioso Orient Express o en un glamuroso crucero por el Nilo.
       
Siempre habían sido aficionados a las películas de intriga y las basadas en las obras de Agatha Christie eran su debilidad. La mujer había manifestado en varias ocasiones que si tuvieran dinero le gustaría realizar esos viajes y su marido, aún creyendo que nunca alcanzarían ese sueño, había compartido su ilusión.

Volaron desde Madrid a Paris y a las tres de la tarde se acomodaban en uno de los coches cama del mítico tren.

—Sólo falta que nos encontremos a Hércules Poirot en la cafetería —dijo Dolores en cuanto se instalaron. La suite estaba totalmente equipada y conservaba el aire de lujo y sofisticación que recordaban haber visto en las películas.

La primera noche, Dolores oyó a dos hombres a través del fino tabique de madera que separaba las estancias. Parecían enzarzados en una discusión que terminó con un ruido sordo que bien podría haber sido un disparo. La mujer se incorporó de golpe en la litera y a punto estuvo de despertar a Pascual, sin embargo antes de hacerlo, se tranquilizó a sí misma pensando que quizás estuviera sugestionada por la cantidad de veces que había visto el Asesinato en el Orient Express y Desde Rusia con amor.

Por la mañana lo comentó con su marido y él, con una sonrisa y seguro de que no le haría caso, le dijo que era mejor no se metiera en lo que no le incumbía. Dolores, inquieta, decidió por un lado dar la razón a su marido, pero por otro investigar discretamente.

De camino a la cafetería se encontraron con el revisor. Dolores pidió a Pascual que se adelantase mientras ella le preguntaba sobre sus vecinos. El hombre sabía que su esposa no pararía hasta desentrañar el misterio que ella misma había forjado en su cabeza y, divertido, la dejó a su aire.

Supo entonces que en ese compartimento viajaba el actor de cine Ernesto Atienza y que su secretario personal ocupaba la suite siguiente.

—Hace un rato he visto que el camarero les traía el desayuno. Después me he encontrado con el secretario y me ha dicho que el señor Atienza se encontraba indispuesto —le dijo.

¿Y si en vez de indispuesto estaba muerto? Esa idea provocó que Dolores no pudiera desayunar tranquila. Su marido la convenció de que no dijera nada de lo que había oído o la tomarían por loca.

Llegarían a Budapest sobre las cuatro y allí pasarían el día. A las tres y media Dolores dijo que se iba a acercar a la cafetería para comprar unas botellas de agua. Cerró la puerta de su compartimento y llamó a la del vecino, pero nadie abrió.

Volvieron al tren al día siguiente y comenzó el trayecto hacia Sinaia en Rumanía. Por la noche volvió a oír voces; esta vez eran de un hombre y una mujer. Oyó como alguien se marchaba. Dolores entreabrió su puerta y vio la espalda de una mujer vestida con un kimono rojo alejándose por el pasillo.

Sin poder resistir la curiosidad, se puso la bata y se acercó hasta la cafetería. Estaba desierta y la mujer había desaparecido. Al volver a su suite llamó de nuevo al compartimento vecino; no contestaron. Se quitó una horquilla y con destreza hurgó en la cerradura. La puerta giró sobre sus goznes. No había nadie. Un papel sobre el escritorio llamó su atención. Estaba escrito con letras recortadas de alguna revista y decía: “TE ESPERO EN EL VAGÓN RESTAURANTE”

Se dirigió hacia allí y observó que las luces estaban apagadas. Abrió la puerta justo en el momento en que las lámparas se encendieron. Se quedó clavada en la puerta sin poder reaccionar.

Su marido, sus padres, sus suegros, su hijo con su mujer vestida con un kimono rojo y otra gente desconocida estaban debajo de una pancarta que rezaba:

“FELIZ CUMPLEAÑOS DOLORES”

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